El precio de la identidad

0
295

A pocos días del ingreso de un nuevo gobierno al poder, la comunidad LGTBI está más fuerte que nunca. Cada miembro guarda dentro de sí una historia importante y necesaria de contar. Para que se comprenda y se escuche. La de Sebastián sólo necesita una cosa de nosotros: voluntad.

Por: Rodolfo Serna Saona
Foto: Rasciel Naranjo

El pasado domingo 12 de junio, el Perú y Estados Unidos estuvieron unidos por dos acontecimientos tan opuestos como increíbles. La mayoría de peruanos celebraban la histórica victoria de la selección de fútbol sobre Brasil en la Copa América. En otros rincones de nuestro país, sin embargo, el dolor se apoderaba de unos pocos, como Sebastián, un joven bisexual. ¿El motivo?: En la ciudad norteamericana de Orlando un atentado dejaba 49 fallecidos y 53 heridos, todos miembros de la comunidad LGTBI. Se trató de un crimen de odio. Más que un crimen, fue una masacre.

En nuestro país no son pocos quienes practican la homofobia y discriminación a pesar de la violencia que provoca y de los argumentos que la condenan. ‘No quiero matarme explicándole algo a alguien que no quiere entenderlo, prefiero hacerlo con alguien que sí quiere’, comenta ‘Seb’, como le llaman sus amigos. Lo hace con la misma frescura que el pastel de acelga que ha pedido en una cafetería cercana a su universidad. Ha aceptado darme una entrevista para contarme su historia. No ha sido muy difícil convencerlo; bastó con un mensaje por Facebook, una coordinación sencilla, pero sobre todo la predisposición sincera de querer escucharlo y entenderlo, ya que su presentación no acaba con su orientación sexual. Sebastián nació con sexo y rasgos femeninos, pero hoy es un chico trans-masculino. Esa es su identidad sexual.

La transformación (cómo él mismo le llama a los cambios en su identidad) llegaron hace un par de años (hoy tiene 25): ‘No me sentía cómodo con mi cuerpo, siempre había algo que me molestaba. Había algo que me hacía demorarme más de lo que normalmente me demoro en vestirme y salir de mi casa. Era un constante querer cambiar algo pero no sabía qué’.

Sebastián estudia periodismo en una conocida universidad de Lima. Ya está en sétimo ciclo. Su formación le ha ayudado a expresar claramente sus ideas y sentimientos, como si hubiera ensayado todos los días sus argumentos y su discurso de autodefensa: ‘No me veía, pensaba que era otra persona, ni siquiera me sentía feliz conmigo mismo’. De esa manera, y sin saberlo, fue allanando el camino para el momento en que descubrió la persona que realmente quería ser: ‘En 2014 fui al Encuentro Feminista Latinoamericano que se dio en Lima, entré como fotógrafa gracias a unas amigas. Allí conocí el término de transfeminismo. Allí fue la primera vez que me dijeron ‘trans’. Me marcó bastante’.

En aquella época se había ido de casa, y fue entonces cuando despejó todas sus dudas y dio el siguiente paso importante: asumir su verdadera identidad. ‘ir encontrándome, en estas pequeñas cosas voy encontrándome’, explica para sintetizar el largo proceso de un auto-descubrimiento que concluyó así: a pesar de haber nacido con una vagina él se sentía un hombre, por dentro y por fuera, y en una sociedad altamente machista y homofóbica, asumió su decisión con convicción, seriedad y valentía.

‘Cuando me veía al espejo me gustaba el cambio y cómo me veía. Nunca me había sentido así. Más cómodo, identificado y feliz’. Entonces se cortó el cabello y cambió su ropa. El pantalón, polera y zapatillas que usa hoy avisan su estilo casual y elegante, sin mostrar pretensión pero tampoco descuido. Luego vendrían los tatuajes y pircings, uno de estos últimos atraviesa su labio inferior, como reafirmando su personalidad: sin complejos, sin miedos. También adoptó un nombre, el que usa ahora y el que toda persona que le conozca y respete debe usar. No dudó mucho en elegirlo, pues ‘siempre rebotó en mi cabeza de niñito’.

Le preguntó a su hermana menor qué opinaba sobre tener ‘un hermano más’. ‘Sería chévere’, respondió ella. El siguiente paso era su madre, la otra miembro del hogar. ‘No he tenido una salida del clóset trans con ella. Le pregunté sólo qué opinaba sobre el tema de la hormonación (tratamiento para cambiar de sexo) pero nunca lo hemos conversado mucho porque sé que su postura a la transgeneridad no es tan abierta como hacia la homosexualidad. Ella considera que uno nace como nace y haces, sino no tienes identidad’, admite con semblante de haber perdido una batalla, más no una guerra. Lo que sí ha acabado de manera absoluta es el plato que pidió.

En el camino perdió amistades, pero no se preocupa mucho de ello. Sabe que en su vida sólo necesita a quienes lo quieran como realmente es. ‘Fue recíproco, cuando me alejé tampoco me buscaron. Escuchaba comentarios como que la lucha LGTB no era tan importante como otros temas. Pero para mí sí, porque a mí todos los días alguien me dice algo en la calle, todos los días alguien me reprocha algo. Primero está mi integridad y si ellos dicen que no es tan importante en mi vida como otros temas, no merecen ser mis amigos’.

A propósito de malos ratos vividos a diario, recuerda perfectamente el que considera uno de los peores: ‘una vez estaba en la puerta de mi casa con mi novio, nos estábamos besando. Vino un tipo y nos comenzó a insultar, nos pegó, intentó robarnos el celular. Cuando lo perseguimos le pedimos ayuda a unos vecinos, y ellos en vez de ayudarnos nos reprocharon diciendo que estábamos locas y cuando nos íbamos uno de ellos dijo: éstas lesbianas están locas, ahorita las violo y que chucha va a pasar. Aparte de no reconocer nuestra identidad la violencia machista de trasfondo…’, reflexiona sin quebrar la voz ni la mirada, demostrando que estos hechos en vez de entristecerlo fortalecen su carácter y alimentan su orgullo. Ya no es más un chiquillo, sino un adulto curtido de esta sociedad violenta, y si en algún momento pensó en vivir en otro país para ser feliz, hoy esa opción está casi descartada: ‘El Perú no va a cambiar sólo y necesita gente como yo, mi novio y mis otros compañeros. Me dolería mucho dejar mi país’.

La búsqueda de empleo y entrevistas laborales fueron las situaciones donde tuvo que ceder e identificarse con su nombre legal y anterior identidad, por temas económicos y familiares. Sólo en un lugar le permitieron ser llamado y tratado como Sebastián, un compañero más y experto en diseño y retoque fotográfico. Hoy mismo no aceptaría ningún trabajo que le obligue a auto-encubrirse nuevamente.

Los profesores que más le han respetado y apreciado son pocos, según cuenta. Uno de ellos le presentó la obra de César Muro, poeta homosexual de los años 50: ‘uno de sus poemas es acerca del amor homosexual, ese amor a escondidas que la sociedad no va a entender pero que al final es amor y punto. Es uno de los más hermosos que he leído’.

Sin embargo, una de las historias que más le marcó fue la de Harvey Milk, político estadounidense asesinado debido a su homosexualidad (fue interpretado en el cine por Sean Penn en ‘Milk’, por la que ganó un Óscar). Eso significó su primer acercamiento al activismo por los derechos de su comunidad.

El estado, principal opositor

A finales de 2014 el congresista Carlos Bruce propuso al Legislativo el proyecto de ‘Ley de Unión Civil’, el cual brindaba derechos civiles, laborales y económicos a las parejas homosexuales. Los esfuerzos del político no eran suficientes, necesitaba el apoyo de todos los interesados. Fue el momento en que Sebastián salió a luchar a las calles: ‘dije: manya, ésta es una oportunidad, es una demanda real, concreta, en papel, firmada’. Hoy es miembro del grupo LGTBI de su universidad.

A pesar de ser un hombre, una de sus principales motivaciones es el reclamo de la importancia del rol de la mujer en la sociedad, y advierte que no sólo se trata de respeto, ‘sino de que éste (el hombre) deje de tener los privilegios actuales; como ganar 25 % más que las mujeres, andar en la medianoche por las calles y no les pasa nada, o que nadie les cuestione qué hace en la calle a la medianoche’.

Los cuestionamientos hacia el feminismo hablan de buscar un distanciamiento y una supremacía sobre el sexo masculino. Sebastián, quien no ha improvisado ninguna respuesta hasta el momento, tiene un concepto muy claro y diferente al respecto: ‘El feminismo no es el machismo de las mujeres, sino que reivindica a la mujer. El machismo afecta al mismo hombre; porque como hombre no puedes llorar, no puedes vestirte como quieres porque te dicen maricón en la calle. Ese es un daño colateral para el hombre. El feminismo no tiene ningún daño colateral hacia él’.

El odio en el Perú

Zuleimy Aylen Sánchez Cárdenas era una adolescente transgénero que vivía en la ciudad de Trujillo. Su familia poco a poco empezaba a apoyar su decisión. El 30 de Mayo la joven escapó de casa para asistir a una fiesta. Horas más tarde fue asesinada. El sujeto que la mató intentó violarla, pero al percatarse de que su cuerpo era el de un hombre desató toda su furia y frustración quitándole la vida de cuatro balazos. Fue un crimen de odio, un acto represivo contra, uno de los muchos que ocurren a diario. El congreso nunca aprobó la Ley de crímenes de odio en nuestro país, pero a modo de triste paradoja se tomó un minuto de silencio para conmemorar la masacre de Orlando. Según Promsex y la Red Peruana TLGB, en los últimos 360 días han sido ocho personas más las que corrieron la misma suerte que Zuleimy en nuestro país.

Ahora que es un líder activista, Sebastián considera éste proyecto el más urgente, por delante del resto, incluyendo el matrimonio y la adopción de niños. ‘De qué sirve casarnos si no tenemos una ley contra los crímenes de odio. Yo me caso con mi novio pero al día siguiente en la puerta de mi casa pueden matarnos. Los primarios son los que velen por la integridad física’.

Su voto en las elecciones fue por Verónika Mendoza, entre otros motivos, por la importancia que le dio a los derechos de las minorías. Pedro Pablo Kuczynsky fue finalmente el ganador, y esto declaró a El Comercio un día después de las votaciones: ‘Estoy dispuesto a hacer eso si el Congreso me aprueba mis proyectitos de agua, educación y salud, que es lo más importante. Si hacen eso, apoyo esto. Pero si me dejan a la gente sin agua, entonces me dedico a otra cosa’. Una vez más el argumento de ‘existen temas más importantes’ quedó registrado, en esta ocasión del futuro hombre más poderoso del país.

Otros responsables del cambio

Los medios de comunicación no escapan del rol de concientización sobre estos temas. Más allá de apoyar o no una causa, la consigna va por no incentivar el odio y la violencia sobre todo en temas polémicos y que polarizan a la sociedad. Uno de los personajes más señalados en este aspecto es Phillip Butters, de quien Seb tiene una opinión bastante personal y acusadora: ‘Escuché sus argumentos sobre lo que es una mujer; mujer que no jode no es mujer. La única diferencia entre él y el asesino de Orlando es que él no tiene un fusil, porque el tipo que asesinó a las 50 personas lo hizo porque vio a dos personas besándose’.

El único momento en que sonríe levemente se da al preguntarle por su anécdota más agradable como transgénero: ”El profesor estaba prestando un libro a los alumnos, yo y otra compañera levantamos la mano. El profesor se acerca hizo el amague de entregármelo y dijo: ‘No, primero las damas’. En un momento pensé que fue un gesto machista, pero luego me di cuenta de que era una forma de reafirmar mi identidad’’. Para el comunicador la felicidad no es absoluta ni eterna, sino que se trata de ‘un conjunto de situaciones en la vida que te hace sentirte realizado. No sólo las buenas, también las malas, porque dejan enseñanzas’.

Esos otros futuros momentos felices vendrán al acabar su carrera, así como cuando inicie terapia hormonal. Por el momento aprovecha cada oportunidad para disfrutar de la decisión que le cambió la vida. Hoy sábado será uno especial: asistirá a la marcha del orgullo LGTB en el Campo de Marte. Lo imagino saltando, gritando y riendo. Es un chico trans-feminista, y lo vive con toda la naturalidad posible, la misma que tenía su pastel de acelga.

Comments

comments

Dejar respuesta