Mi matrimonio, mi derecho

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Amante de la tecnología multimedia, los viajes y la docencia, Arturo Calderón además conoce muy bien Lima; la de ahora, la de los 90’s, pero sobre todo la que sueña habitar algún día: una donde pueda ser reconocido como el esposo de John, el amor de su vida.

Por: Rodolfo Serna Saona
Fotos: Aarón Chihuala

El terrorismo, la inflación económica y el conservadurismo social –elevados a niveles extremos- marcaron el contexto de la Lima en que Arturo Calderón Colán (39) descubrió su homosexualidad a los once años. Se dio a través de un sueño erótico: ‘Era como una sensación de que algo no estaba bien. Me había gustado lo que había pasado, pero sentía que era algo que no debía contar’. Pensó entonces que esas situaciones desaparecerían. Pensó mal.

La crisis y el miedo que se vivía en las calles de la capital no se trasladaron a su hogar. Elizabeth, su madre, no lo permitió. ‘Me acuerdo haber ido con la plata de toda la semana a hacer compras y regresar con un kilo de huevos y un paquete de arroz. Sólo alcanzó para eso. ¿Cómo es que logró sobrevivir la gente con eso? Para mí las amas de casa de entonces son heroínas’.  Esa protección que le daba su mentora le animó a tomar valor y contarle sobre su orientación sexual. ‘Para un gay, uno de los primeros pasos que das es contárselo a tus amigos, y luego al último o penúltimo llega el turno de tu mamá, y uno espera que comprenda’.

Y ella lo hizo, sobre todo al notar que habían personas que no estaban de acuerdo y que eran potencialmente dañinas para su único hijo y ‘motor’ de su vida. ‘Tomó la decisión que me parece la más sabia que puede tomar una mamá con un hijo gay: estar de su lado’. El interés de doña Elizabeth por conocer el ambiente en el que vive Arturo perdura hasta ahora, pues conforma el grupo de madres que marcha en el Día del Orgullo LGTBI.

Su padre –quien se separó de su madre durante el embarazo-, por el contrario, no lo asumió de igual manera, pero eso a Arturo no le afecta mucho, ni ahora ni en aquel entonces. ”No se hizo cargo en muchas cosas de mí. Hasta hoy le cuesta mucho aceptarlo. No sé si es machismo o terquedad a resignarse que tiene un hijo ‘maricón’ ”.

 Una sociedad incómoda

Fue cuando su profesor de arte lo llamó a un lado para darle ‘consejos’ sobre cómo evitar que sus compañeros lo siguieran molestando de ‘maricón’ en clase que Calderón tuvo las primeras certezas de que vivía en una sociedad tan hipócrita como estigmatizada por los estereotipos. ‘No me gustaba el fútbol ni la educación física, y con muchos gays encontramos ese patrón: no nos gusta y nos sentíamos presionados. Al menos yo tenía miedo de que me cayera un pelotazo o a la hora de correr prefería estar sentado conversando con alguien. No era para mí entretenido’.

Entonces el ‘profe’ le dijo que se consiguiera una enamorada y que saliera con ella, que estuviera a su lado delante de los demás, y que practique fútbol. Esto le produjo confusión pero a la vez sorpresa. ‘Me comenzó a dar una serie de tips que yo no le había pedido y no entendía por qué me los daba, pero mi pregunta grande era por qué él no los aplicaba, si a él lo jodían por el mismo tema (homosexualidad)’, recuerda mientras suelta risas comprensibles. El tiempo y el destino, cómplices de la diversión, se encargarían de cerrar la historia: ‘de grande fui a una discoteca, ‘Gitanos’, en donde se presentaban una serie de travestis. Esa noche había una nueva, no la conocía, hasta que la presentan por su nombre artístico seguido de su nombre real. Me quedé frío, ¡era el viejo profesor de arte!”.

El libro y posterior película No se lo digas a nadie –del escritor Jaime Bayly- significaron un antes y un después en aquella década en que aún se intentaba negar lo innegable, aunque él resalta que el tema traspasaba la orientación sexual, alcanzando otros ámbitos de la vida de los limeños tradicionales: ‘Habían muchas cosas ocultas debajo de una capa de normalidad de la gente. Cada persona tenía su lado oscuro y oculto que no quería decir. Heterosexuales, homosexuales, bisexuales, quien sea: gente que decía tener plata y no la tenía, que se mostraba muy moral y muy correcta y no lo era’.

En palabras suyas, Lima fue ‘desnudada’. Se sintió entonces identificado: la homosexualidad ya no era un tema tabú. La comunidad LGTBI dejaba de reprimirse poco a poco y empezó a asistir a discotecas. Su preferida era ‘Gitanos’, en Miraflores: ‘Era el lugar donde vivía momentos inolvidables. Podías ser quien eras en un espacio controlado y seguro. Víctor -el guardián- evitaba el ingreso de personas con intención de molestar. Veías a gente de televisión, artistas. Los dueños te daban la mano, bajaban a divertirse con todos. No he vuelto a encontrar un lugar así’.

Tal vez por eso dejó las noches bohemias y hoy disfruta la mayor parte de su tiempo libre en casa, donde montó una pequeña y acogedora sala de cine donde disfruta del Netflix junto a John, su pareja.

Flechazo cibernético

Se conocieron hace siete años de manera virtual –épocas de Messenger, ‘nicks’ y emoticones- gracias a un amigo en común. John necesitaba impulsar la venta de sus artesanías y Arturo –quien ya laboraba en diseño publicitario y web- le creó un blog, una novedad por aquellos tiempos. Todo resultó un éxito: los negocios en la red, pero además la atracción entre ambos, que perdura hasta hoy en el hogar que comparten en Puente Piedra.

‘Yo le digo (a John) que es mi compañero de vida, lo amo mucho, por todo lo que hemos pasado. Me enseñó a ver la vida a través de sus ojos, y yo le enseñé a ser más fuerte, a salir a quejarse de los vecinos que hacen bulla, a marchar por sus derechos, a enfrentarse a sus amigos que querían aleccionarlo de no hacer demostraciones de afecto, ni si quiera en su propio Facebook’.

Por fortuna no han vivido agresiones físicas, y ensaya una razón para ello: ‘me imagino que es así porque a él lo ven con muletas –John es discapacitado- o a mí con cara de ogro’, explica el entrevistado, quien sí recuerda, sin embargo, una experiencia embarazosa en un local ‘gay friendly’ ubicado en Barranco: ‘‘Estaba repleto de gays. El mozo nos pidió que por favor dejemos de besarnos. Al parecer él no sabía dónde trabajaba. Nos quedamos como sonsos, y una chica al lado que había escuchado todo nos dijo: ‘no le hagan caso, hacen una linda pareja’ ’’.

El profesor verdugo

Ha transcurrido la primera hora de charla y Arturo aún no ha separado sus brazos uno del otro. Tampoco los ha despegado de la mesa. Los únicos gestos inquisidores se dan a través de su mirada, cuando agranda y revolotea los ojos igual que bolillas en juego de azar. Esa misma rigidez define su perfil de docente, labor en la que despierta amores y odios –más lo primero que lo segundo- entre sus alumnos del curso Técnicas multimedia – donde crean desde cero el diseño y contenido de una web propia de temática libre-, que dicta desde hace tres años en un instituto de educación superior.

Fue a través de la recomendación de su jefe en la empresa de social media donde labora que obtuvo la oportunidad de llevar su experiencia a un salón de clases; donde no tolera la impuntualidad, distracciones, ni mucho menos los lloriqueos, ya que como él mismo dice, en la vida real a nadie ponen en un puesto para que les cuente las quejas sino para que resuelva las cosas’. Sus estudiantes dicen que es renegón, y él lo admite.

‘No evalúo excusas. Podemos pasarnos las dos horas de clase haciendo una central de quejas o podemos aprender. Prefiero lo segundo. Me gustan los alumnos tercos a los que les reboto un trabajo mal hecho, lo reconocen y lo vuelven a hacer pero bien. Ellos van más allá del 20; les interesa aprender, y algunos son conscientes de eso, lo que valoro mucho’, afirma sin titubeos.

Aunque parezca mentira, el ‘verdugo’ de los ociosos termina siendo fan número uno de quienes sí ‘chambean’ y aprueban el curso; superando obstáculos, resentimientos y claro, pretextos. Le pedí traer un objeto que valore mucho y me muestra un dado de peluche (ver foto) que le obsequió Mayra, una ex alumna: ”La había ‘jalado’ en el parcial porque no asistió debido a que se resintió por una llamada de atención muy fuerte. Luego del examen volvió y me dijo: quiero seguir. En el final hizo un trabajo excelente y aprobó. Ella representa a todos mis alumnos que a pesar de mí y de todo no se rindieron, lo dieron todo y lo lograron”. Para el educador, su objetivo y mayor logro es que su curso trascienda lo académico y brinde experiencias de vida a sus chicos, pues su futuro jefe será alguien igual a él. O peor.

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Mismo derecho, mismo nombre

Esa fe y admiración que tiene en sus pupilos la pierde con los políticos. No se siente representado. Sí abandonado: ‘me jode que se la pasen mucho tiempo haciéndonos creer que están negociando para nuestro bien pero lo están haciendo para el de ellos. Ahora con la salida de Fujimori –ex presidente-, pero a mí no me interesa eso, él está preso y ya. Tenía esperanza en que el ‘angelito’ -Giancarlo Vachelli, ex congresista discapacitado- y otros hicieran cosas o leyes, y no han hecho nada de nada. Me daría vergüenza ganarme plata sabiendo que no he hecho nada’.

Pedro Pablo Kuczynsky acaba de asumir el mandato de gobernar al Perú rumbo al 2021, cuando celebremos 200 años de libertad e independencia soberana. A cinco años de esa simbólica fecha, Arturo le exige al nuevo presidente libertad e igualdad de derechos para su comunidad, y hasta se anima a darle un consejo: ser sensible.

‘Cuando hablamos de derechos, de igualdad y dignidad, hablamos también del factor sentimental. Entonces, en la cuestión del LGTBI no se trata de dinero, de herencia, de querer casarme en la iglesia ni de firmas, sino de una cuestión emocional: el saber que yo estoy casado con alguien así como mi primo con su esposa o mi papá por segunda vez. Yo no tengo dinero para heredarle a John, él tampoco para heredarme a mí. Yo quiero ser su familia. Y quiero que se me reconozca eso’.

Encuentra ilógica la censura a su derecho a casarse cuando los heterosexuales lo hacen –a veces- por negocios, como en el caso de los faranduleros o extranjeros en busca de visas o residencias, faltando a lo sagrado de este sacramento.

En ese sentido rechaza el proyecto planteado por Carlos Bruce, porque lo interpreta como el ruego de una limosna al estado. ‘Reclamamos lo mismo que se hizo en Argentina: mismo derecho, mismo nombre. Pedirlo y exigirlo todo. Si lo mío es un matrimonio, no tiene por qué ser llamado unión civil. (Al estado) le pediría que sea consciente de que no todo es dinero, sino que yo quiero ser reconocido como esposo, como familia, yo quiero formar mi familia, y que no me digan ‘mira, es que no estamos preparados’…nadie está preparado para nada. No se trata de congraciarte con alguien dándole algo para que no se enoje, a mí no me interesa eso’. Así de claro y sencillo.

Arturo Calderón usa mucho la palabra ‘transgresión’. Le gusta el significado. La transgresión tecnológica de Steve Jobs, la social de No se lo digas a nadie, la artística y cultural –en el sentido popular- de Madonna. La que busca en el trabajo de sus alumnos y la misma que espera de nuestros nuevos gobernantes. Romper paradigmas, esquemas. Romper con todo.

Finalmente le dice a sus compañeros aún ocultos y temerosos de un futuro incierto y difícil, que salir de esa zona será el inicio de muchas cosas buenas, porque la manera más libre de vivir es siendo honesto, y si hay algo que tienen que aclarar con sus padres, que lo hagan ahora y no en el futuro, con sus lápidas. Él se lo dijo a su madre, a sus amigos, a sus alumnos, por eso ahora ya no tiene que preocuparse de ello sino de cumplir sus siguientes metas: conocer México, especializar su carrera, pero en especial seguir enseñando sobre técnicas para el internet, la vida laboral, o para el amor, quizás.

Porque a nadie le vendría mal unos ‘tips’ para mantener siete años de amor –y los que resten- con su compañero(a) de vida.

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