“En mi casa, se enteraron. Vivo con mi padrastro y él y mi mamá me insultaban: machona, ambigua, así me decían. Él incluso llegó a pegarme, fue terrible eso. Le puse una denuncia por violencia familiar. Tengo la sentencia. No se me puede acercar, pero no hice constar mi opción sexual”.

– Choy, 29 años, José Luis Bustamante y Rivero, Arequipa

Historias como la de Choy acompañan el libro “Nuestra Voz Persiste: Diagnóstico de la situación de personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, intersexuales y queer en el Perú”, elaborado por la organización ‘No tengo miedo’, el cual advierte de un “grado de naturalización de violencia en la mayoría de personas LGBTIQ.

El 87.6% de 726 personas encuestadas no denunció una agresión, a pesar de ver su vida en peligro. Existen algunos casos, señala el libro, en los que, aun cuando las denuncias son presentadas, los mismos efectivos policiales encargados de recibirlas deciden arbitrariamente no procesar los reclamos. O los atienden de manera despectiva o los expulsan del establecimiento público. “Observamos con mucha preocupación la imposibilidad material, emocional y estructural de las personas LGBTIQ para acceder a procesos de justicia libres de discriminación, juzgamientos, acoso sexual y violencia”, apunta el libro.

“Cuando estoy en la avenida, los serenazgos no nos dejan trabajar. Me echaron agua en medio de tanto frío y me echaron un gas en el rostro que me hizo desmayar. Luego, aparecí en la comisaría sin saber por qué si no había hecho nada”.

– Sacha, 28 años, Ate Vitarte, Lima

Callan porque la policía responde con indiferencia, porque la justicia las ignora, porque temen represalias o la exposición. Algunas personas no saben a dónde ir.

El libro, que se puede descargar aquí, da cuenta de cómo no existen normas que expresamente protejan a la población LGBTIQ y de cómo, en el imaginario popular, estas personas son nocivas para la sociedad, solo por ser como son, amar a quién quieren amar, vestir como quieren vestir, y hablar como les provoque.

“De esta manera, se reproduce la idea de que nuestra presencia pública “malogrará” la psique de los niños, de que somos “así” como resultado de malas influencias en la crianza o a causa de algún trauma sexual, por lo que deberíamos ser curadxs o, peor aún, castigadxs. Creencias como estas, que incitan a la violencia, se encuentran a la base de la mayoría de agresiones homolesbobitransfóbicas. Lamentablemente, estos prejuicios también forman parte del imaginario de muchas personas LGBTIQ, lo que las lleva a callar cuando son violentadas”, señala el libro en la parte final.

“No tengo miedo” corrobora la precariedad del sistema educativo peruano, especialmente cuando se trata de estudiantes LGBTIQ: “La escuela es uno de los primeros lugares de socialización, y cumple un rol clave en la adquisición de diversas habilidades y recursos. Sin embargo, al estar regida por la normativa heterosexista patriarcal, la violencia que ahí se ejerce sistemáticamente sobre los cuerpos y conductas que no encajan en el binario pone en serio riesgo la integridad física y emocional de lxs estudiantes que no son cisgénero ni heterosexuales”. Y agrega: “La construcción del sujeto “sano” en la escuela estará delimitada por el conjunto de parámetros sociales sobre cuáles serían las conductas apropiadas para cada persona de acuerdo al sexo asignado al nacer. Es decir, los “hombres” deben vestir y actuar como hombres y las “mujeres” deben vestir y actuar como mujeres. La rigidez de este binario propicia la persecución de cualquier expresión de género que escape de su mandato”.

encuentro-lgbtiq

Otro tema clave que aborda es el de la salud. “Nuestra Voz Persiste: Diagnóstico de la situación de personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, intersexuales y queer en el Perú” alerta que hay una desatención de la salud mental de las personas LGBTIQ y constantes negligencias a la hora de atenderlos. Hay un dato estremecedor:  el 15,2% de 764 personas entrevistadas declara padecer de depresión, ansiedad y/o baja autoestima. La cifra solo incluye a las personas que han decidido contar que viven con estos padecimientos. ¿Cuántas callan?

violencia

‘No tengo miedo’ considera preocupante “ver que la salud mental no es una prioridad en el país y que su tratamiento no suele ser brindado por el sistema de seguros de salud: Hemos observado a lo largo de esta investigación que las personas LGBTIQ sufren de un acoso sistemático que se intensifica mientras más visible o diferente sea la persona a la norma cisheterosexual. Cuando la violencia proviene de personas del entorno familiar, y a esta se le añade la que ocurre en otros espacios de socialización —por ejemplo, la calle o el barrio—, el daño a la autoestima es lo que más nos afecta. Esto deviene con frecuencia en cuadros de depresión, sobre todo si la persona no tiene a quién acudir. Nos preguntamos, ¿quién se hace responsable del cuidado de la salud mental?”.

El trabajo elaborado por Malú Machuca Rose, Rodolfo Cocchella Loli y Adriana Gallegos Dextre confirma que ser lesbiana, bisexual, transgénero, intersexual o queer en el Perú puede ser jugarse la vida. Para esta investigación se procesaron durante cinco meses y más de 800 historias, de las cuales 772 se consideraron válidas.

Las historias son, sobre todo, dolorosas, porque revelan hasta qué punto ha llegado la indiferencia estatal en el Perú.

Descarga el libro aquí.

 

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