Transgénera venezolana rechaza nueva categorización de la OMS

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) no sacará la transexualidad de su Clasificación Internacional de Enfermedades en su próxima actualización, que será publicada en 2018, pero la cambia de epígrafe, informó recientemente.

La transexualidad pasará de formar parte del capítulo dedicado a “trastornos de la personalidad y el comportamiento” –en el subcapítulo “trastornos de la identidad de género”–a engrosar la lista de “condiciones relativas a la salud sexual” y a llamarse “incongruencia de género”.

A partir de 2018 la definición –para adultos y adolescentes– será: “Una incongruencia marcada y persistente entre el género experimentado del individuo y el sexo asignado, que a menudo conduce a un deseo de ‘transición’ para vivir y ser aceptado como una persona del género experimentado a través del tratamiento hormonal, la cirugía u otras prestaciones sanitarias para alinear el cuerpo, tanto como se desee y en la medida de lo posible, con el género experimentado. El diagnóstico no puede asignarse antes del inicio de la pubertad. El comportamiento y las preferencias de género por sí solas no son una base para asignar el diagnóstico”.

Al respecto entrevistamos en Venezuela a Chea Rodríguez, quien entre otros aspectos de su currículo es una activista transgénera, música, bailarina y directora audiovisual, comunicadora social, abogada, teórica en los ámbitos de la sexología política (transgéneropolítica) y la economía política. También es profesora universitaria en el programa de formación de grado de Estudios Jurídicos (carrera de Derecho) de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

 

  • ¿Qué opinas de la decisión de la OMS? ¿Es un avance o un retroceso?
  • Esta decisión no puede verse como un avance propiamente: la Organización Mundial de la Salud acepta que la transexualidad no es una enfermedad mental, o sea que no es en sí un trastorno de la personalidad y/o el comportamiento, pero de todas maneras para la OMS la transexualidad condiciona (negativamente) la salud sexual por ser una incongruencia entre sexo y género.

Sin embargo, la que genera tal condicionamiento de la salud sexual en forma negativa no es la transexualidad sino la cúpula dominante de la sociedad (en ella incluidos/as los/as siquiatras que elaboran estas categorías médicas); cúpula que prohíbe a las personas autopercibir su género y se lo asigna arbitrariamente al nacer éstas de acuerdo con sus genitales.

  • Pareciera exagerado… ¿Qué motivos tienes para asegurar eso?
  • Le nombro y explico algunos:

1) Un grupo muy minoritario de transexuales evaluados/as por problemas mentales en un consultorio siquiátrico, quienes enfrentan dificultades severas por razón de los estigmas sociales frente su condición (su identidad de género) no es más que UN GRUPO MUY MINORITARIO cuyos problemas mentales no son una constante en la vida de todos/as los/as transexuales. La inmensa mayoría no va a las consultas siquiátricas y aprende a enfrentar los obstáculos como lo hace mucha otra gente por diversos motivos en la sociedad, enfrentándolos y sobreponiéndose eficazmente.

2) Es la sexología y no la siquiatría la ciencia que estudia la sexualidad de las personas sanas, y deben de ser los/as sexólogos y no los/as siquiatras quienes opinen sobre nosotros/as (no sobre la base de un grupito con problemas mentales inducidos socialmente, sino sobre la base amplia nuestra, de quienes nos sabemos aplastados/as por intereses que nos invisibilizan y/o patologizan y/o subordinan y explotan, y luchamos en la sociedad como víctimas de la injusticia y no como enfermos/as).

De hecho ya los/as sexólogos/as opinaron: somos personas aptas (con capacidad plena, diría el derecho). Véase la Declaración de Derechos Sexuales de Hong Kong de 1999 y muy especialmente los principios de Yogyakarta de 2006.

Repito: quienes nos marginan no lo hacen porque somos enfermos/as sino porque somos débiles socialmente y pueden delinquir contra nosotros/as impunemente aún.

3) Si algunos/as de aquellos/as transgéneros/os que desean reasignar quirúrgicamente su genital y hormonarse se sienten tan mal con su cuerpo que esto los/as lleva a ir a un siquiatra para cumplir protocolos médicos y llegar al quirófano y obtener los récipes médicos de hormonas, esto no significa que la inmensa mayoría queramos eso. MIENTE LA OMS CUANDO DICE QUE BUSCAMOS TRATAMIENTOS MÉDICOS “A MENUDO”.

Por cierto la OMS, al llamarnos “transexuales” cuando la mayoría de nosotros/as está a gusto con nuestro sexo, nos muestra la enorme carga de manipulación de los/as siquiatras.

Las transgéneras como yo, en inmensa mayoría no rechazamos nuestro sexo cromosómico o genético: somos XY. Ni nuestro sexo hormonal: somos productoras amplias de testosterona en predominancia sobre estrógenos y sin presencia de progesterona. Ni nuestro sexo genital o anatómico: tenemos pene y escroto externamente y testículos interna o gonadalmente; ni nuestras características sexuales secundarias: las tenemos asociadas a dicho sexo de acuerdo con nuestros lazos de sangre (por ejemplo yo soy de rasgos fuertes como los hombres de mi familia).

En mi trabajo doctoral sostengo que estadísticamente la mayor parte de los hombres presentan tales características biológicas pero éstas no son “machas”, sino que tienen distintas connotaciones sico-sociales para ellos (los hombres) y para nosotras (las mujeres transgéneras).

Lo que rechazamos la inmensísima mayoría de las transgéneras y de los transgéneros no es nuestro sexo, sino a la sociedad secuestrada por una catajarra de bandidos sectarios que, por ejemplo en casos como el mío, que soy una transgénera, intenta prohibirme que fluya identitariamente como mujer: mi comportamiento, mi expresión, mi vestuario, entre otros aspectos que definen mi personalidad, y que busque reconocimiento legal al respecto.

La banda hamponil con títulos académicos sólo está dispuesta a aceptarme si me declaro enferma. ¡SE QUEDARÁN ESPERANDO… ESO NO LO OBTENDRÁN DE MÍ NI DE LA MAYORÍA DE NOSOTROS/AS!

Hoy día las legislaciones de Argentina, Uruguay, México y Colombia, que figuran entre las más avanzadas del planeta en la materia, no nos obligan a pasar por ningún diagnóstico, ni a operarnos ni a hormonarnos para ser quienes somos, y se nos reconoce de acuerdo con nuestro género autopercibido (y sociopercibido por buena parte de la gente que nos trata más allá de los prejuicios) de acuerdo a nuestros propios testimonios y deseos responsablemente asumidos sin tener que pasar por tribunales.

 

  • Pero, la OMS ¿es un organismo serio?
  • En esta materia tenemos motivos graves para cuestionar a la Organización Mundial de la Salud. Al frente del grupo de trabajo que reelaboró el manual en cuanto a la transexualidad destacaron por mucho tiempo los doctores Zucker(director) y Blanchard, entre otros profesionistas denunciados por supuestamente utilizar terapias reparativas de reconducción a transgéneros/as y presuntamente estar vinculados a clínicas que se lucran de tratamientos y cirugías sexo-reasignadoras.

Quizás ese es el trasfondo por el cual la OMS aún no quiere entender que no existen sexos machos y sexos hembras.

La persona y buena parte de quienes le rodean primero “sienten” sicosocialmente que dicha persona pertenece a un género (por ejemplo está determinantemente influenciada en el desarrollo de su personalidad por su madre y hermanas con quienes se crió, por la directora de aquel coro en el cual cantó, por la hija de su madrina en cuyas escapadas de novios participó, por las actrices que le fascinaron y desea ser reconocida mujer tal como ellas lo fueron pese a que lleva pene y testículos entre las piernas y su partida de nacimiento fue hecha para un varón) y luego el genital sigue la suerte de ese género (lo biológico sigue el camino de la sicosocialidad: el primero se subordina a la segunda, sin tener que agregar ningún procedimiento quirúrgico o químico para cambiar el cuerpo).

Igualmente, debo acotar: SOMOS TRANSGÉNEROS/AS y no transexuales. SOMOS TRANSGÉNEROS/AS y sólo un pequeño grupo en nuestras filas quiere transexualizarse. Debe de distinguírsenos con lenguaje de género. Los TRANSGÉNEROS buscan reconocimiento como varones ya que la sociedad por sus genitales los considera mujeres y las TRANSGÉNERAS buscamos reconocimiento como mujeres, ya que la sociedad por nuestros genitales nos considera hombres.

 

  • ¿Qué gana la OMS negándose a aceptar esto?
  • Con la psiquiatración de  nuestras identidades se nos relega a las instituciones médicas para que nos controlen: eso es violencia de género porque genera personas “sanas” y “enfermas”, “normales” y “anormales” por su masculinidad o feminidad. Se nos califica como realidad en sí misma problemática.

Dichas instituciones, por intereses estatales, eclesiales y sectales, económicos y políticos, trabaja sobre los cuerpos de las personas haciendo pasar esta postura excluyente por “natural y única verdadera”.

No obstante, la (s) problemática (s) es la siquiatría con sus gruesos billetes que engrosan los saldotes bancarios de los/as profesionistas de las enfermedades mentales y las condiciones insalúbricas, así como los laboratorios de medicinas experimentales psicotrópicas y estupefacientas que no curan sino que ocultan, que dañan el cuerpo y acercan la muerte por intoxicación progresiva. Conflictivas son también las instancias gubernamentales y opositoras que intentan secuestrar los Estados heterosexistamente, y las iglesias y sectas que pretenden acusarnos de “ideología de género” como si ellas mismas no fuesen ideológicas.

Hay un dogma sobre el que se fundamenta politiqueramente nuestra sociedad: la existencia, única y exclusiva, de formas de ser y sentir que se consideran superiores, que se consideran referencias a seguir. El problema no es nuestra identidad de género discordante, es la transfobia de los grupos poderosos maleantes.

 

  • ¿Qué tanto falta por hacer?
  • Reivindicamos el derecho a cambiar nuestro nombre y género en los documentos oficiales sin tener que pasar por ninguna evaluación médica ni psicológica ni acudir a tribunales. El Estado no debe de regir nuestros nombres, cuerpos e identidades. Son asuntos personalísimos que podemos y debemos abordar libremente, sin burocratismo, sin coerción médica. Además exigimos pleno acceso a lo laboral, la salud y la seguridad e integridad… a nuestra familiación igualitaria.

Coincido con la Red Internacional para la Despatologización Trans en que somos seres activos y tenemos saberes teóricos y políticos. Agrego que no necesitamos profesionistas que nos secuestren para fortalecer su estatus político-económico y obtener títulos de cuarto nivel logrados a nuestra costa pero sin respeto a nosotros/as. Basta ya.

Sabemos que nos aplastan no porque tengan razón sino porque somos quizás el sector más postergado, más marginado. Sabemos que muchas izquierdas y buena parte de las derechas se dan la mano en estas cosas, y por tanto sus peleas son auténticas farsas.

Y a ciertos/as izquierdistas venezolanos/as socialcristianos/as y/o estalisnistas les recuerdo: según Karl Marx no habrá verdadera revolución mientras existan excluidos/as, y por eso no creo que sus izquierdas tengan nada que enseñarnos a quienes defendemos el socialismo bolivariano del Siglo XXI del cual ustedes no son los/as dueños/as… espero que la justicia llegue pronto y los barra para que los cambios sociales en América Latina se consoliden democrática, participativa y pluralmente desde la raíz de lo popular.

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Periodista con MG en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Javeriana de Bogotá-Colombia. Me gusta Serrat, cultivar plantas, las películas de Almodóvar, los libros de Gabriel García Márquez, contemplar las estrellas y andar por la vida aprendiendo de todo lo que me rodea, especialmente, de la gente sencilla y de mi hija Camila.

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