Mon Laferte y su arcoíris diverso

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Por Héctor Margaritas 

Empiezo a escribir esta crónica con las uñas rojas y medio carcomidas. Empiezo a escribir esta crónica con el corazón y el culo roto porque todas estuvimos Amor Completo y después Tormento. Empiezo a escribir esta crónica “así con toda la quietud”, sin embargo es difícil escribir sobre Mon Laferte. Escribo sin colocar su nombre de pila como en los demás artículos, escribo su nombre: MON LAFERTE y en mayúscula.

Escribo esta crónica sin tratar de desbordarme porque ella ya es desbordada y apasionada.

Chilena, radicada en México desde hace ya diez años. Acá, en Chile, el país que me acuna y que la acunó durante tanto, nunca logró tener el real reconocimiento que merecía hasta este año (2017) en el Festival de Viña del Mar, sin embargo la artista ya había pisado escenarios mucho más importante que el de la Quinta. Pero pasa un suceso muy importante en este país, es como lo que le pasó a Violeta Parra, tuvo que llegar a los museos de París y teatros de Europa para poder ser carcomida entre los círculos artísticos en Chile.

Mon Laferte no está muy alejada de Violeta Parra, es decir, su estilo es un arcoíris diverso, logrando entrar en diferentes tonos, acordes, voces y estilos tal como lo hizo la cantautora suicida hace ya un par de décadas atrás. Laferte a logrado interpretar desde las rancheras pasando por el metal y terminando en este acorde medio ambiguo entre pop andino y bossa nova. Una visionaria e irreverente en el mercado musical actual.

Es súper valiente hoy en día hablar de temas como los que trata la artista. El (des)amor siempre a sido un conjunto de locura y mirado desde esa vereda. Mon Laferte sin miedo logra de una manera vehemente clamar a ese mal o buen amor que no regresa, que se fue, que no está, que es eso, solo una canción lograda ser parida en un gemido, en su voz finalmente.

Ese es el propósito de la música, lograr clamar y hacer suspirar a otrxs. Desde la vitrina de muchos, Mon Laferte ha significado en más de un verso, una estrofa, su desgarrada voz. No es por nada los miles de seguidores que tiene en Latinoamérica pues es dueña de una voz deslumbrante y de una creatividad poética desbordada.

En Chile fue fuertemente criticada por la farándula y demases al traer a la gala del Festival Viñamarino un vestido mexicano. Nadie se dio cuenta del gran puente que la artista quiso hacer al traer este ropaje hecho a mano por mujeres Zapotecas. La idea de la cantautora era finalmente hacer un lazo folclórico entre Chile y México para de este modo honrar y dar una visión mucho más crítica y valorada de lo que significa la música a nivel indoamericano. Claramente la Gala no está creada para este tipo de análisis y fue mal vista y también crudamente criticada.

Lo cierto es que Mon Laferte hoy por hoy se encuentra lanzando su último disco ‘La Trenza’, el cual viene con un repertorio nuevo donde mezcla deferente tipos de voces, ritmos y hasta hay un cover. La idea de la artista era nuevamente plasmar estos capítulos de su vida y hacerlos melodías con la ayuda de Manuel Garcia y Bunbury en algunas canciones.

De este modo recibimos a Mon Laferte, con el corazón abierto y estas canciones nuevas para cantarlas en la noche estrellada.

Mon Laferte cumplió ayer 32 años.

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