Botota: Ya no eres la Reina de la noche

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Por Héctor Margaritas

Hace aproximadamente once meses atrás en Chile se vivió un acto de violencia y feminicidio frustrado a manos de Mauricio Ortega, quien una tarde de otoño en Coyhaique atacó crudamente a su, hasta ese momento, pareja Nabila Rifo. La idea del imputado era matar o degollar a la mujer por sus conductas “inmorales. En base al odio y la celopatia Mauricio esa tarde sale de su vivienda siguiendo a Nabila, quien asustada corre hasta ser alcanzada y golpeada para posteriormente ser crudamente violentada hasta que el asesino frustrado le saca los ojos dejándola ciega para el resto de su vida.

La noticia tiene revuelo hasta el día de hoy dado que se han expuesto hasta los antecedentes más íntimos de la mujer por televisión y entrevistas de cercanos del imputado donde la “imagen” de la no vidente ha quedado crudamente golpeada, generando una apropiación de diversas opiniones dejándola sin identidad ni registro memorial.

Después de esto, de infinitas marchas con el hashtag “ni una menos” en Chile, país en donde aún no existe una ley de aborto, de identidad de género, de igualdad de sueldos tanto para mujeres/hombres, llega este transformista –porque el machismo existe aunque seas homosexual y el transformismo no es, en ocasiones, sinónimo de resistencia– a poner en palestra este tema delicado e incierto que a tantos nos incomoda aún.

El programa está grabado en una disco gay (Fausto), unas de las primeras en Chile, y es subido a Youtube, medio de difusión mundial, donde se deja al descubierto todo tipo de material audiovisual con diversos fines.

El punto de esta situación radica en un tema: la falta de empatía que conlleva al desatino y el no criterio de parte de los dos panelistas. Quiero tildarles en masculino hoy en día pues extravagantes pestañas, tacones altos, faldas cortas y perfumes caros no son, de ninguna forma, vuelvo a escribirlo, en algunos casos, sinónimos de actos políticos, subversivos, identitativos y de rebeldía sexual.

Recuerdo esa noche cuando muy contentas nos fuimos con un par de amigas, incluida mi querida Daniela Vergara, con quien vivo aquí, en Santiago de Chile y fue quien me envió el link de esta noticia por MSN Facebook.

A Fausto nos fuimos porque era interesante conocer a Botota, todos acá hablaban de ella, de sus términos y su famoso “POOOOOBREE” que había traspasado toda barrera risible. Partimos en el transantiago en dirección a Salvador en donde nos dejaría a pasos de la emblemática discoteca. Hicimos una cola enorme medio muertas de frío pues el invierno aún no se retiraba con su escarcha de viento helado. Entramos. Esperamos mucho, bailamos un rato y el show.

Personalmente escuché poco puesto que estaba llenísimo, y un par de burlas -siempre discriminatorias- de parte de Botota me hicieron bajar a la parte de fumadores y enrolar otro tabaco, en efecto, nos fuimos antes que terminara el Show de la discoteca. No dijimos más, nunca hicimos ningún reclamo, sin embargo, todas la encontramos, como diría ella: “POOOBRE”, pero no hicimos más comentario pues era gay, transformista y sí, había que respetar,  escuchar ya que no es menor que estuviera en tacos. Ahora, después de pasar un tiempo viendo su programa, las infinitas risas a diferentes etnias de diferentes partes latinoamericanas, incluida sus mofas a mapuches, peruanos, mexicanos, pienso y escribo. ¿Es aún risible?

¿Es aún un símbolo o ícono gay? ¿Es momento de dejar la suscripción a su canal, salirse de los fanpage y todo lo que involucra a su “stand up comedy”? Desde mi vereda, sí, sí y sí.

Y es que el machismo no se responde con risa. No, hoy no. Hoy no podemos hacer esto cuando tenemos una gran lista de mujeres muertas a manos de la misoginia y abuso de poder sólo por cargar un útero y una voz más fina que puede gritar más fuerte si nos unimos todas para callar, por ejemplo, este episodio de violencia cibernética que protagonizó Botota Fox.

Hoy escribo desde la vereda vehemente, de la vereda de “lo cola loca que todo le afecta” y sí, hay cosas que me afectan mucho, como esta y muchas más, reírme ya no me sirve, callarme menos, tengo que gritar y si lo puedo hacer a base de mis letras maricas, lo haré, lo haremos, porque no somos pocas. No, hoy no lo somos. Y vuelvo a escribir: Ya no eres la Reina de la noche.

Fuente: The Clinic

                                             

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