Se habla de la homofobia, pero no tanto de la transfobia. Al menos, en los medios de comunicación masiva. De hecho, muchos se preguntan cómo así los LGBTIQIKLL (en mala broma) se inventan palabras raras. La transfobia no es ninguna palabra rara y es un rechazo lleno de prejuicios y odios hacia las personas transgénero, las más vulnerables de este colectivo, tanto en el Perú como en los Estados Unidos, como en casi cualquier parte del planeta.

En esta semana, el Perú ha vomitado lo peor de su transfobia contra Dayana Valenzuela, una modelo que sueña con postular al Miss Perú, y que tiene la aprobación de la organizadora, siempre que consiga en su DNI tener el nombre de mujer.

El trámite ante el organismo a cargo de estos asuntos puede demorar, pero Dayana Valenzuela tiene un sueño, y lo ha compartido en la televisión y en redes sociales.

“Si Jessica Newton (la organizadora) quiere hacer publicidad primero con una gorda y luego con un hombre, está mal. Es una falta de respeto a las mujeres”. Estas palabras corresponden al conductor radial Phillip Butters, un hombre que ha declarado la guerra a las personas gays, lesbianas, bisexuales y transexuales en todas las formas y tonos. Los ataques verbales de este sujeto deberían llamar la atención de las autoridades. Incitan el odio y la violencia.

PALABRA DE DAYANA

“Llegó el momento de contestarle a este señor que siempre tiene el tiempo de insultar y humillar a cualquier persona que se le pone en el camino (…) El Miss Perú no se está saltando ninguna regla ni se está faltando el respeto a nadie. Yo estoy concursando con las reglas”, afirmó la modelo.

Pero no solo eso: “Eres padre de familia y me apena que en tu hogar inculques esos valores a tus hijos. Digas lo que me digas, yo te voy a contestar porque no te voy a permitir la ligereza de palabras. Si no te gusta enciérrate en tu casa o cómprate 50 céntimos de felicidad y no molestes al resto”. No vale la pena indagar en el hogar del sujeto Butters, lo importante aquí es que una ciudadana peruana está siendo violentada por un conductor de radio y por miles de personas -anónimas o no- en las redes sociales. Estas personas hacen referencia a que es un hombre, a que no se cortó o quizás sí (el pene), a que todavía tiene tripa, y más cosas espantosas. Odio e ignorancia puras.

Dayana Valenzuela es una mujer educada, lo cual no significa que se deje aplastar por intolerantes con micrófono o Twitter. A los 26 años, sus metas están claras.

“Quiero cambiar de sexo y no por el Miss Perú sino porque quiero terminar el proceso de transformación y ¡ser regia!. ¡Quiero hacer las cosas bien!”, dijo al programa de televisión Día D. La han cuestionado por querer participar en un evento para mujeres, ella replica: “Me dirán loca y se reirán de mí (por querer concursar en el Miss Perú Universo). Pero ¿qué pasa si esta loca gana? Yo me la creo y daré que hablar. Estoy segura que tuviéramos una cadena de misses si todas no las creyéramos”.

Laura Spoya, Miss Perú 2015,  le dio su respaldo: “Hermana querida vi hoy tu entrevista contestándole al desadaptado de Butters y déjame decirte que tengo un motivo más para estar orgullosa de ti. Eres una gran persona, con valores increíbles y con mucha fortaleza, y por eso te admiro. Sigue adelante y pronto nos veremos para chismear y sobretodo para poder tener el gusto de verte competir”.

Rodrigo González, conductor de un programa de farándula, compartió una foto con Dayana y escribió: “La foto se la pedí yo. Admiro a las personas auténticas y valientes. Con capacidad de salir adelante, independientes de la aprobación ajena y que son capaces de priorizarse, además, con el sentido del humor que se necesita a pesar de lo difícil que sea la vida. Ella representa todo eso y más. Sigue luchando por tus sueños Dayana Valenzuela. Ejemplo de ser humano y cerebro amoblado”. 

Hay respaldo, pero sobre todo odio.

La transfobia mata.  

chica-transSicarios mataron de cuatro balazos, tres de ellos en la cabeza, a una adolescente de 14 años cuando tomaba licor con sus amigos en el frontis de una vivienda del distrito de La Esperanza, en Trujillo. Se llamaba Zuleimi. Ocurrió en marzo de 2016.

Y las escuelas son espacios de odio también.

“La violencia homofóbica y transfóbica en los centros educativos se ha convertido en un problema de alcance mundial que tiene efectos negativos en la salud y desarrollo de niños, niñas y adolescentes. A nivel educativo, sus efectos repercuten en los ámbitos personal y colectivo, privando a las víctimas del derecho a recibir una educación inclusiva y de calidad basada en los derechos humanos y, por lo tanto, en el respeto a la diversidad.  Este tipo de violencia, motivada por la orientación sexual percibida o por la identidad de género, afecta a toda la población escolar, ocasionando estragos en el desarrollo de las personas afectadas, en la convivencia escolar, en su desempeño académico y, en consecuencia, en su permanencia en la escuela”, denunció la Unesco en su pasada campaña contra la homofobia y la transfobia. 

En un país, donde un niño se mató porque tenía el cabello largo y era insultado, la transfobia es visible. Solo que algunos no quieren ver el daño que causa. Dayana ha sabido crecer y hacerse fuerte. No todos tienen su fortaleza. Si estos odiadores pensaran en los niños y niñas que se sienten diferentes quizás otra sería la historia. Pero la transfobia no se cura. Se disimula. Y en una sociedad como la peruana se disimula con palabritas: el mariconcito, el cabrito, la machona, la rarita. Malditos diminutivos que lastiman, que están presentes en el hogar, en los centros de trabajo, en la escuela.

Es tan hipócrita la sociedad peruana que considera más importante cuidar las ‘formas’ de un evento frívolo como al fin son estos eventos que preocuparse por la realidad de las personas trans. No están normalmente en agenda para un debate inteligente. Están para la burla, la exposición, la estridencia. Este gobierno parece dispuesto a atender las necesidades de la comunidad LGBT, por lo cual sería necesario escuchar voces sobre el tema. Dayana no es solo la modelo trans que quiere una corona. Dayana es muchas mujeres, muchas peruanas, muchas invisibles, muchas ausentes por la violencia transfóbica.

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