Uno es venezolano, el otro es alemán. Hace tres meses decidieron unir sus vidas en unión civil en una hermosa celebración en la rivera del río Saale —pocos días antes el Parlamento Federal aprobaría el matrimonio igualitario en Alemania que entró en vigor a partir de octubre.

Un año de noviazgo que inició tiempo después de una primera coincidencia cuando José Contreras-Quintero tomaba fotografías al pie de la fuente del burro en el centro de la ciudad salera de Sajonia-Anhalt. Karsten Mettendorf hablaba perfecto castellano peninsular que había aprendido en Ecuador donde estudió lingüística hispánica.

Así se dio ese primer acercamiento. “La historia de cómo coincidimos en este planeta todavía no es tan factible ni común para lesbianas ni gays, por mucho que se apeguen a la ideología de género o ‘heteronormatividad’, intentando pasar desapercibidxs en nuestras sociedades regidas por la dictadura machista hétero-cisexual. Las coincidencias maricas siguen ocurriendo preferiblemente en la clandestinidad, básicamente, por razones de seguridad personal: de esa magnitud es nuestro temor”, nos comenta José Contreras, activista de la Asociación Civil Venezuela Igualitaria, que lucha en el país latinoamericano porque se legisle a favor del matrimonio igualitario.

Pero, ¿qué pasa cuando los protagonistas son dos varones homosexuales sin princesa?, y ¿qué significa ese »felices para siempre«?

Para hacer efectiva la unión civil, cuenta Contreras, en Alemania se habilitan trámites y condiciones que corresponden igualmente a parejas heterosexuales, como es el caso de los apellidos, la declaración de impuestos, reconocimiento de beneficios como familia, etc.

Sin embargo, el problema está en que en la cotidianidad la homofobia también está presente en la muy desarrollada y potencia económica europea

-La legalización conyugal carece de efectos a la hora de andar por la calle mano a mano con tu marido: la homofobia está allí, en el tranvía, en los callejones o explayada en la plaza del mercado. La cosa se pone peor cuando la pareja no solo es de dos varones homosexuales sino que uno de ellos no es blanco, tiene barba y parece un refugiado musulmán del Levante mediterráneo —en Alemania prácticamente nadie se figura que ese chamo nació en Los Andes de Venezuela y que en este lado del Atlántico podría pasar por colombiano, chileno o boliviano. No solo porque la extrema Derecha racista, machista y homofóbica esté saliendo del clóset nuevamente en Europa —en las elecciones de septiembre el partido nazi Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo el 13% de los votos y se convirtió en la tercera fuerza del parlamento, así, de golpe y porrazo—, sino porque en espacios públicos también están ejerciendo sus posturas los refugiados o migrantes musulmanes fundamentalistas, también machistas y homofóbicos; de modo que, definitivamente, el cuento no termina allí, no hay final feliz y a quienes somos sexual y afectivamente disidentes nos toca seguir lidiando con los agentes callejeros de la dictadura machista hétero-cisexual.

NO BASTA LA LEGALIZACIÓN DEL MATRIMONIO

Recalca que la legalización del matrimonio igualitario no basta y eso ha sido comprobado en los países donde ha ocurrido, empezando por Nederland, pasando por Argentina y Brasil hasta los Estados Unidos. Por lo cual exhorta a los activistas de los movimientos LGBTIQ a continuar la tarea titánica en pro de fomentar la tolerancia y el respeto a las diferentes formas de amar y de ser.

“No significa esto que la solución sea detener los procesos de aprobación del matrimonio igualitario en países donde todavía este derecho humano se viola como Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia o Paraguay; sino que la tarea para activistas de los movimientos LGBTIQ no termina cuando se logra dicha legalización: apenas comienza”, afirma.

EL AMOR VALE LA PENA

Aunque en las calles hay que estar muy atentos y hasta se hace necesario tomar un curso de defensa personal por si acaso las bestias machistas se ponen intensas, no todo es terror. Ante la pregunta ¿cómo les ha ido en estos primeros tres meses amancebados? Sin caer en idealismos, responde Contreras von Mettendorf, chévere ¿cómo más? Y argumenta su respuesta de la siguiente manera:

-Porque asumimos que nadie toma la decisión de casarse o amancebarse sin sentir esa intuitiva probabilidad de que lo hace con la persona correcta. Hasta ahora hemos comprobado en la práctica que somos el uno al otro esa persona correcta a quien deseábamos encontrar, que fuese nuestra aliada para continuar nuestros propios proyectos de vida y emprender nuevos proyectos comunes, muchos de ellos con fines sociales. Nos ha ayudado mucho nuestra conciencia política y la ausencia de elementos heteronormativos en nuestra relación, en el sentido de que somos dos varones: ninguno es »la mujer« o »el hombre« de la casa, tampoco somos dos »machos« ideológicamente adoctrinados para ser inútiles en el hogar: somos un equipo motivado por el amor mutuo cuyo principal interés doméstico es el bienestar del otro cuando es de ambos”.

FELICES PARA SIEMPRE O UN DÍA A LA VEZ

“En lo que de nosotros depende somos felices, sí, ahora no sabemos si será hasta que la muerte nos separe, el consabido »para siempre«: vivimos un día a la vez”, recalca el activista venezolano.

Vientos de cambio también se vislumbran y no todo son agresiones homofóbicas. Recientemente en un restaurante en la ciudad de Halle, donde viven, la joven que los atendió les escribió la siguiente nota: “»schönen Abend euch beiden! ♥« — ¡una linda víspera para Ustedes dos!”.

Los esposos Contreras-Mettendorf, una vez aprobado el matrimonio igualitario en Alemania, preparan desde ya su boda que quieren celebrar con una buena fiesta.

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Periodista con MG en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Javeriana de Bogotá-Colombia. Me gusta Serrat, cultivar plantas, las películas de Almodóvar, los libros de Gabriel García Márquez, contemplar las estrellas y andar por la vida aprendiendo de todo lo que me rodea, especialmente, de la gente sencilla y de mi hija Camila.

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